Una vez un joven de la tierra caminaba en la madrugada hacia donde vivía parte de su familia. Lucia el, en su inmenso ser una humildad que cegaba al enceguecido haciéndolo invisible a estos.
En el largo camino neblinoso encontró en un cruce un pequeño bulto respirando, herido y maltratado, sin saber que era, lo envolvió en su manto y tomo el camino traicionero directo al curandero de la comunidad, desvío que podría costar mucho tiempo y energía.
En su camino pensaba "Cuanto animal querido he matado por quedar enfermo o sufrir accidentes... cuanto animal amado he visto ser dejado en el camino por necesidad, pesa en la mente de su amo el animal mal querido... pero este es especial; respira fuerte, pesa y resplandece, quiere vivir y no le debo nada ni el a mi, no tengo derecho sobre el y por algo el abuelo lo puso en mi camino."
Esa noche el joven durmió bajo un romero y soñó que la madre tierra sentía nuestros pasos como animalitos, suaves brisas alegres, vibraban en su piel como en un cultrun, sentía nuestro calor y frío, sentía... pero que un día el hombre caminaría sobre sombras y su propia sombra invadiría su interior. Esa noche sintió frío, un aire seco y sucio y sus dientes apretados que no podía despegar se trizo uno al otro...
Despertó asustado mirando el cielo nocturno y luego la tierra, tomo un puñado de hojas secas y tierra y se volvió a echar.
Al despertar, el pequeño animal había crecido, tenia el porte de un pequeño gato, pero su apariencia desconocida seguía siendo la misma, su peso aumento - pesa lo q un cordero- pensó. Lo hecho en su hombro y se puso a andar.
Mientras andaba la tierra tembló hasta que lo tumbo. La rabia tomo su ser y luego de unos garabatos se fue contra el animal que cargaba y le dijo:
¡Eres un despreciable ser mentiroso! debí dejarte cuando te vi agonizando... ahora creces en mis hombros mientras te llevo por este desgraciado sendero ¿Como he de ayudarte? ¡Debería dejarte acá y volver a mi faena!- dijo y volvió a temblar, lo miro y noto su respirar animoso y fuerte. Ahora ese bulto seguía ahí... sin forma, pesado y vivo.
-Te volveré a cargar sólo para averiguar que demonio eres.- y se lo hecho al hombro nuevamente... siguió su camino.
"Sólo se cura la rabia con soledad y la soledad no tiene cura" oyó en su mente una voz borrosa y desarmada como gastada por los senderos ásperos llevada por el viento. Ya estaba próximo a llegar y fue sorprendido por otra voz más real:
- ¿Acaso no has encontrado tu respuesta en el largo camino hacia acá?- lo sorprendió un anciano que bajaba por el sendero, llevaba un bastón alto y un caminar rápido.
- ¿Respuesta a que? -pregunto de vuelta el joven.
- Por eso me aleje tanto de la gente para que en el largo camino pasaran tiempo con sigo mismo y escucharan su propia... ha! pero no vienes solo... que carga más extraña traes... - dijo con su boca anciana y casi sin dientes.
- Si, quiero saber que es, creo que tu, anciano, sabrás y podrás mejorarlo o terminarlo.
- Mmm... creo saber cual es el problema.
- ¿Cual es el problema?
- Es tu problema... - y se largo a reír- es tu problema - repitió mientras continuo bajando y riéndose-
- ¡tu eres el curandero! le grito desde lejos.
- pero tu ya tienes la cura - le respondió.
Molesto el joven lo miro bajar, quieto... ni siquiera percibió el relámpago que ilumino la tarde oscura... un sentimiento de rabia lo tomo nuevamente y el bulto en sus hombros doblo su peso haciendo que le tiritaran la piernas flacas y polvorientas...